El limoncello auténtico, una tradición italiana, se prepara infusionando cáscaras de limón en alcohol en reposo durante siete días. Luego, se mezcla con un jarabe de azúcar y agua, logrando una bebida refrescante y llena de sabor.
El limoncello casero, preparado con limones frescos y un proceso sencillo, captura la esencia vibrante de la cáscara.
Tras unos días de reposo en un lugar oscuro, la infusión adquiere un aroma intenso y dulce.
Se embotella en frascos de cristal, listo para disfrutar en pequeñas sorpresas de sabor en cualquier momento.
Limoncello casero
Ingredientes
Limones biológicos - 7 grandes
Alcohol etílico alimenticio 96% - 500 ml
Azúcar - 350-500según gustos
Agua - 500 ml
Preparación
Paso 1 : Se lavan cuidadosamente los limones y se secan con un paño limpio.
Paso 2 : Luego, con un pelador, se retira solo la parte amarilla de la piel de los limones, evitando la parte blanca, que puede amargar.
Paso 3 : La piel se coloca en un tarro lo suficientemente grande y en este se vierte el alcohol.
Paso 4 : Una vez que se han añadido todas las cáscaras, se cierra el tarro y se guarda en un lugar oscuro y fresco.
Paso 5 : Es importante remover suavemente el contenido del tarro cada día durante los siete días de reposo.
Paso 6 : Después de este tiempo, se prepara una mezcla con medio litro de agua y aproximadamente 350 gramos de azúcar, dependiendo del nivel de dulzura preferido.
Paso 7 : Se calienta en un cazo hasta que el azúcar se disuelva por completo y se deja enfriar por completo, pudiendo hacerse con anticipación.
Paso 8 : Cuando la mezcla esté fría, se filtra el alcohol para separar las pieles y eliminar cualquier residuo, reservando solo el líquido.
Paso 9 : El alcohol filtrado se combina con la mezcla de agua y azúcar enfriada, mezclándose bien.
Paso 10 : La bebida así preparada se vierte en botellas de cristal para su conservación.
Paso 11 : La cantidad final de limoncello dependerá de la cantidad de azúcar utilizada, y puede variar entre aproximadamente 1,3 y 1,5 litros.
Paso 12 : En muchas casas, es habitual mantener una pequeña botella en el congelador, ya que el limoncello se disfruta mejor bien frío, incluso en vasitos helados.




























