El equilibrio de sabores y el poder afrodisíaco que se le adjudican al Amaretto están acompañados de una romántica historia que tuvo lugar en Soronno, una pequeña localidad cerca de Milán. Cuenta la historia que en el año 1525, le encargaron allí al pintor Bernardino Luini -discípulo de Leonardo Da Vinci- pintar un fresco de la Madonna de aquel sitio. Para realizar esta tarea, Luini se trasladó a Soronno y se alojó en una posada de aquella ciudad. En ese hospedaje, conoció a la hija de la dueña del lugar, una bella mujer que terminaría siendo su musa inspiradora. El talentoso pintor se dio cuenta que la joven era ideal para que pose como modelo y así pintar a la Madonna.

La mujer aceptó ayudar a Bernardino y de esta manera la obra fue avanzando. Entre pinturas y pinceles, las miradas de ambos que se conectaban en aquellas jornadas de trabajo fueron dando espacio al romance y al nacimiento a una gran historia de amor. Como una manera de agasajo a su enamorado, la hija de la dueña de la posada le ofreció al pintor una bebida que había preparado. Algunas versiones cuentan que recogió hierbas de su propio jardín para prepararla, otras dicen que dejó unos huesos de damasco o albaricoque a remojar en brandy o quizás haya sido una combinación de ambas historias. Lo cierto es que Luini quedó realmente sorprendido y encantado con este regalo y decidió difundir esta receta por otras partes de Italia.

Con el transcurso de los siglos la receta del Amaretto fue sufriendo modificaciones e innovaciones que fueron redefiniendo la receta original de esta bebida, que se iba transmitiendo a través de distintas generaciones. Hacia el año 1600 era algo muy común y tradicional que las familias destilaran sus propios licores y aperitivos. Una de aquellas reconocidas familias era una de apellido Reina, donde uno de sus miembros , llamado Giovanni, encontró una antigua receta de este brebaje y guardó aquella fórmula secreta. Aquel bien familiar fue muy bien conservado y se propagó de generación en generación hasta que un descendiente, llamado Domenico, decidió ponerlo en venta.

En el año 1817 esta bebida comenzó a comercializarse oficialmente con el nombre Amaretto di Saronno Originale Licore, una marca que mantiene su prestigio y calidad hasta el día de hoy. En aquel entonces, la forma en que se vendía el licor era en botellas de forma redondeada, cuyo diseño iba cambiando año tras año. Pero luego de un tiempo de variaciones en el estilo del envase, un artesano del cristal de la isla de Murano diseñó una botella cuadrangular, recortada en sus ángulos, que se convirtió en un símbolo de Saronno y de Italia en todo el mundo. Esa forma es como se la encuentra mayormente en la actualidad.

La mayoría de las recetas actuales combina el dulce de los huesos de albaricoque con el amargo de las almendras, contiene alcohol puro, azúcar caramelizado y esencia de 17 plantas y frutas aromáticas, entre las que sobresalen el melocotón y la cereza. De color ámbar, aroma encantador, sabor cálido y textura delicada, el Amaretto posee la ventaja de ser un licor muy versátil. Aunque su nombre puede referir a una bebida de sabor muy amargo (amaro significa amargo en italiano), esta bebida solo tiene un leve amargor. Funciona perfectamente como digestivo o acompañante de postres y se lo puede beber solo, con hielo o en cócteles donde se lo combina con otras bebidas. También es un ingrediente muy utilizado para la elaboración de tiramisú -se mojan las galletas en café y este licor- y otros reconocidos postres, como el brazo gitano.